En 2018 descubrí la cara más oscura del fast fashion y entendí que mi forma de consumir ropa no era inocua, sino que tenía un impacto en el planeta, en los animales y en las personas.
Desde ese momento, solo visto moda sostenible, y he entendido que vestir bien no tiene que estar reñido con cuidar el planeta (ni tu bolsillo).
¿Quieres empezar a simplificar tu armario, reconectar con su estilo y consumir con propósito?